miércoles, 21 de noviembre de 2018

Tía follando con su sobrino en las escaleras (Video Porno)

Tía follando con su sobrino en las escaleras (Video Porno)

Tía mayor follando con su sobrino menor en las escaleras del edificio y filmando todo el sexo entre familia pervertido, mientras el sobrino experimenta y pierde la virginidad y la tía MILF es follada contra la pared de parado por su sobrinito que redobla en edad.
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Relato erótico del sobrino follado por su tía pervertida

Cuando transcurrían mis primeros 15 años, algunas cosas comenzaron a despertar y ubicarse en mis pensamientos, tanto durmiendo, en los sueños como cuando a esa edad uno queda "mirando las musarañas". Esos pensamientos se ubicaban en mi tía, la media hermana de mi madre, quien vivía en una habitación en la planta alta de la casa.

Magdalena, de 30 y pocos años en esos días, había vivido con nosotros desde que yo era un niño. Era la tía buena onda, la que me invitaba un helado si la acompañaba hacer mandados. La que se quedaba con nosotros cuando mis padres salían. Por esa cercanía, siempre estaba jugando alrededor de ella, o en el patio a la vista de ella, o en su cuarto mientras ella descansaba o incluso si terminaba de bañarse y se cambiaba frente a mí diciéndome "che, cierra los ojos eh".

Yo iba creciendo e iba conociendo cosas maravillosas acerca del sexo opuesto. Poco a poco iba mi cuerpo reaccionando ante estímulos que antes veía con naturalidad, pero ahora me provocaban nuevas sensaciones. Me fijaba en las piernas de mi tía, por ejemplo, quien siempre estaba de camisón, shorts o simplemente calzones.

Mi tía Magdalena, era una mujer inquieta, le gustaba hacer deportes; era consciente que tenía un cuerpo firme, musculoso y no le sobraba ni faltaba nada, en ninguna de las partes que yo, como buen observador, me gustaba mirar.

Algunas noches, nos sentábamos de sobre mesa en el sofá. Ella cruzaba las piernas y en forma automática, se subía la falda un poco. Al principio me sentaba junto a ella, luego comencé a darme cuenta que tenía mejor visión enfrente. Mi lugar preferido a partir de ese momento, pasó a ser debajo de la ventana, justo frente a la tía que cuando cruzaba las piernas, me volaba la cabeza en ese pequeño instante en que se separaban para volver a juntarse.

Ella no se daba cuenta de que mis ojos, ya no la veían como siempre. Me estaba convirtiendo en una persona que necesitaba empezar a conectar con ese mundo maravilloso que sólo conocía a través de películas y de fantasías que ocurrían en mi cerebro.

Los días de adolescente transcurrían normalmente, actividades del colegio, salidas con amigos y en esos años, finales de los 80 e inicios de los 90, en mi casa, en mi cuarto con música, lectura, alguna revista XXX y pensando en alguna compañera de clases o alguna que veía en el ómnibus. Ya por esos días había descubierto las bondades de la autosatisfacción y del onanismo y recurría a ellos frecuentemente.

En una oportunidad estaba en mi cuarto, pensando que estaba sólo en casa, estando sobre mi cama acariciándome recordando aquella muchacha de unos 20 y tantos que veía siempre en el ómnibus y quien siempre me rozaba con su cola y miraba por encima de su hombro sonriéndome. Mientras disfrutaba de la caricia que me daba, con los ojos entre cerrados, sentí unos ojos que miraban, aunque sabía que no había nadie en mi cuarto. Al principio me dio un poco de vergüenza y me cubrí con la sábana. Me quedé un rato así, esperando a que alguien hablara o preguntara algo y al comprobar que no aparecía nadie, decidí seguir con lo mío, debajo de las sábanas. Sin saber por qué no pude volver a concentrarme y decidí levantarme a beber un vaso de agua.

Para llegar a la cocina, tuve que pasar por el cuarto de mis padres y hermanos. Aproveché para corroborar que no había nadie en ningún sitio. Ellos me habían dicho que era el añito de mi prima y que irían dándome la libertad, por vez primera de que me quedara en casa si no quería ir.

Estoy en esa edad en que me siento grande para algunas cosas y pequeño para otras, pero decidí quedarme sin otra intención que disfrutar de un rato de tele y soledad. Eso me lo permiten, siempre que la tía esté cerca para controlar un poco que no haga cosas raras con amigos.

Como no estaba seguro de que ella estuviera dormida, me serví el vaso de agua y antes de volver a mi cuarto, me acerqué muy despacio a la puerta del suyo que estaba entre abierta. Escuché la voz de ella que, a oscuras, hablaba muy bajito.

Me dio curiosidad por lo que estaba hablando y me quedé quietito escuchando:

"Así bebé…así imagino que me lo haces...Mmmm..me gusta mucho, quieres me acaricie para ti?..." Mira...mira y siente como lo hago...imagina como me estoy tocando, abro las piernas para tì...

No sé qué fue lo que me pasó en ese momento, pero mi erección empezó a aparecer de nuevo. Mientras ella hablaba, yo me acariciaba por encima de mi bóxer y con esa voz de ella, tan excitante, hacía que yo tuviera ganas de meterme en su cuarto para mirar lo que ese "bebé", imaginaba detrás del teléfono.

En ese momento, junto a la puerta entre abierta, con el reflejo de medio cuerpo de mi tía Magdalena en el espejo y su voz sensual y sexual, ingresando a mis oídos, escuchando palabras que nunca había escuchado decir a una mujer y menos a mi tía.

Poco a poco mi pene estaba duro, con unas ganas de expulsar mis deseos, mientras escuchaba y mirar en el reflejo del espejo, solo unos pies y parte de sus piernas, comencé acariciarme, suavemente, mirando, escuchando e imaginando, hasta que mis jugos, tibio y espeso, lo siento escurrirse entre mis dedos.

Y al seguir acariciándome hasta sacarme la última gota, un gemido salió de mi boca, espontaneo y fugaz, que inmediatamente me hizo de un brinco saltar las escaleras y meterme a mi cuarto esperando que mi tía no me haya escuchado.

Las noches pasaron y en cada uno de mis sueños llegaban las palabras que le escuche a mi tía y la imagen de sus pies y pantorrillas juguetonas que reflejaban en el espejo, combinándose, que me hacían despertar y acariciarme, hasta acabar y sumergirme nuevamente en un sueño profundo.

A mis 17 años, habían pasado un par de años desde que había visto y escuchado a mi tía y continuaba presente en mis fantasías adolescentes. Y en la diaria, ella se había percatado que mi mirada contenía más libido cuando pasaba cerca mío o cuando estaba en su cuarto como cuando era más joven. Ya no se cambiaba delante mío, pero si a veces me pedía que le cierre el corpiño o que le alcance algo de su cajón de ropa donde estaba su ropa interior. Ella sabía que me excitaba y le gustaba que pasará eso.

Una mañana de domingo, al volver a mi casa después de haberme quedado a dormir en la casa de un amigo, subí sigilosamente a mi cuarto. Eran como las 10 de la matina y me percaté que mis padres no estaban, acostumbraban ir hacer compras muy temprano a una feria alejada de mi casa y justo esa mañana se habían ido con mi hermano. Como era domingo, la señora que ayuda en la limpieza no estaba, así que fui a mi cuarto a recostarme.

Eran los años 90's no había internet ni nada que se le parezca, como para distraerse mientras uno está en la cama, solo la mente y los recuerdos. Y fue cuando llegaron nuevamente esa voz e imagen a mi mente y comencé a darme un sutil masaje, acariciando mi miembro el cual lo sentía duro y tibio. Con los ojos entreabiertos, sentí nuevamente una mirada y no me importo, seguí con lo mío, en el fondo sabía que era mi tía. En esta ocasión no me cubrí con las sabanas, al contrario, retiré la sabana y solo estaba con mi bóxer a media pierna y mi mano entre las piernas.

Al terminar, me fui a la ducha. Mientras me bañaba nuevamente mi miembro se fue endureciendo presintiendo que ella me había observado. No me acaricie ahí, termine de bañarme, me sequé y aún con el miembro excitado me puse una toalla y fui a mi cuarto. Al llegar a mi cuarto, me encuentro a mi tía Magdalena sentada sobre mi cama, sentada sobre las sabanas que habían sido testigos de mis fantasías con ella.

Al entrar al cuarto, la veo a ella sentada sobre la cama con las piernas cruzadas. Vestía una pollera suelta y una remera con lentejuelas. Se notaban sus pezones sobre la remera, andaba descalza con pedicura, con las uñas de los pies pintadas de negro. Apenas ingrese a mi cuarto, me pide que me acerque

Holis, como estuvo esa ducha? - me dice mientras me miraba de arriba abajo

Hola tía, no sabía que estabas en casa – le digo con la voz entrecortada

Si ya sé, me imagino que pensabas que estabas sólo - me responde mientras mira la toalla

Sí tía, ¿recién llegaste? - pregunto asustado, esperando que no haya visto lo que aconteció en esa cama, minutos antes de que ingresará y se sentará.

No, hace un rato, estuve por mi habitación y al escuchar un ruido bajé. Por suerte no era nada, solo vos que jugabas un poco en tu cuarto. Espero que no te moleste que te haya visto mientras lo hacías. - dijo mientras me miraba fijamente

Me puse de todos los colores, pero a la vez, sin darme cuenta, una erección se hacía presente debajo de la toalla grande que tenía en la cintura.

Tranquilo, que de esto que vi y de lo que va a pasar ahora nadie va a saber – dijo mi tía mientras estiraba sus brazos y ponía sus manos alrededor de mi cintura y aflojaba la toalla hasta dejarla caer.

En ese momento solo deje que lo haga, mi erección seguía y era observaba por sus ojos, que nunca había visto una mirada como aquella, una mirada de deseo y lujuria que acompañaba con movimientos de sus labios como saboreando algo que aún no había probado.

¡Mira lo que es esto! - dijo mirándola fijamente y comenzando a acariciarla – Te voy a mostrar como lo tienes que hacer chiquito.

Vos como lo estabas haciendo es muy violenta y rápida, te puedes hacer daño y no disfrutas nada – me decía, con voz de maestra, de consejera que quiere que un pupilo, se supere.

Sentía sus manos frías sobre mi miembro caliente, era una acariciada suave y con ritmo, sin detenerse, de forma circular. Sentía una mano en mi miembro y la otra acariciando mis nalgas.

Puedo, me preguntó - mientras levantó la mirada y quedo impregnada en mis ojos, que estaban desorbitados por todo lo que pasaba.

¿Puedes qué tía? - pregunté - sin saber a qué se refería.

Y solo sentí su boca en los alrededores de mi pene, erecto, caliente, que se fue humedeciendo producto del jugueteo de su lengua, labios y saliva

Mis manos no sabían que hacer sentía su boca, sus manos acariciando mi cintura y nalgas. Pude recordar lo que había visto en videos y películas XXX y atiné a acariciarle la cabellera y cuello.

Vení echate en tu cama, antes que alguien venga, necesito tenerte dentro mío – me dijo mientras me llevaba y tiraba sobre la cama.

Se levanto el vestido y se sacó una tanga roja que tenía. Se subió arriba mío y me decía:

Vos tranquilo, no te apures, yo te voy a llevar.

La sensación de sentir a una mujer, mi tía y además que estaba muy buena y excitada, fue la combinación perfecta para que todo lo que sea sexo en mi cabeza se potenciará.

Su movimiento era suave y acompañado de un gemido en cada embestida que daba hacía adelante. Mis manos estaban en sus nalgas y solo las tocaba. Ella me pedía que se las agarrara con fuerza y eso hacía.

Mientras se movía, agarró mis manos y las paso por debajo de su remera. Mis manos primera vez que tocaban unos senos voluptuosos. Sus pezones estaban erectos y duros.

¡Apriétamelos! - me decía, con una voz mezclada entre gemidos

Mis ojos miraban aquella mujer, mi tía, con la cual me había masturbado, ahora arriba mío, con sus jugos rebozando por mi cintura y a punto de llenarla con mis jugos lechosos y precoces.

Ay tía, que rico, estoy a punto de explotar, no aguanto más - dije en una especie de súplica para que no se enoje ante lo que iba a pasar en instantes.

Si chiquito, lléname de esa lechita, pero no dentro mi conchita, te quiero en mi boquita – me dijo al momento que se levantó de golpe y se deslizó por mis piernas.

Se agarró nuevamente de mi miembro y se lo metió nuevamente a la boca para darle unas últimas succionadas. Tres movimientos más con su mano derecha y los primeros jugos comenzaron a salir por la punta de mi pene, unas gotas que luego se convirtieron en chorros de leche juvenil.

Mmmm, que rica lechita - decía y movía la lengua limpiándose la leche que tenía alrededor de la boca

Introdujo mi pene húmedo, caliente y rojo nuevamente a su boca y en un solo movimiento, lo seco y limpio.

Que rico sobrinito tengo, sos un dulce – se acercó y me dio un beso tierno en los labios.

Se levanto, se puso su tanga roja que estaba en el piso y al salir me dijo:

Subí esta noche cuando todos duerman a mi cuarto, te quiero seguir mostrando otras cositas más.
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