viernes, 13 de julio de 2018

Karla sexo oral (Video)

Karla sexo oral (Video)

Esta mujer golosa de 25 años se filma con la webcam mientras le mama la polla a su marido. Realmente es toda una experta y la chupa con gran pasión.
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Video Porno Amateur : Karla sexo oral



Relato erótico de su amante
Bajábamos por la carretera plagada de curvas y ella seguía viendo por la ventanilla como si buscara algo, la carretera estaba solitaria ya que el pueblo no era muy visitado y menos en días laborales y de repente ella me dijo… metete ahí, en esa calle de tierra…. ¿y esa calle a donde va a dar?... le pregunté sorprendido… vos metete… me insistió… y yo me desvié de la carretera principal a la calle de tierra bordeada de árboles frondosos que casi la cubrían del sol. Despacio recorrí unos cien metros sin ver casas, gente ni otros vehículos y entonces Karla me dijo, o mejor dicho casi me ordenó… detenete aquí… y yo sorprendido le dije… pero si aquí no hay nada, ¿acaso tenías ganas de orinar?, te hubieras esperado a llegar a la próxima estación de gasolina… vos pará… me insistió mientras subía los vidrios polarizados del carro y se desabotonaba completamente la blusa me dijo… ya me calentaste ahora cógeme… por supuesto que era lo que yo venía deseando pero ¡así de fácil!, no me lo podía creer pero para qué perder el tiempo hablando, me le fui encima y para abreviar las cosas no me preocupé en desabrocharle el sostén, mejor se lo subí y comencé a chuparle el pezón que hacía aproximadamente una hora había alcanzado apenas a ver y ella comenzó a gemir mientras con una mano se revolvía el pelo y con dos dedos de la otra hacía como si le diera vueltas a su otro pezón, yo sin desatender en lo que estaba moví la palanca del asiento para reclinarlo más, no, no quería hacerlo en ese asiento, solo quería poder pasarnos al asiento de atrás sin tener que bajarnos del carro y ella así lo entendió y gateando se pasó al asiento trasero. Los vidrios polarizados del vehículo no dejarían que nadie viera lo que ocurría adentro pero lo mejor sería que nadie se acercara mientras nos dábamos ese placer. En un momento, mientras Karla se pasaba hacia el asiento trasero su “buen culo” me quedó casi en la cara y aproveché para bajarle la tanga blanca que desde hacía ratos me hacía muecas y sus ricas nalgas quedaron al descubierto, apenas logró pasar y se acostó en el sillón con sus piernas abiertas mostrando su vagina depilada en el área del bikini nada más. Jadeaba, sus mejías y sus ojos entrecerrados estaban enrojecidos, era un desorden, despeinada, con la blusa desabotonada, el sostén por encima de sus tetas, la falda subida hasta la cintura y su vagina chorreando el sillón del carro. Me quité la camisa para no arrugarla y me acomodé sobre ella a besarla, nos metíamos la lengua uno al otro, en nuestras bocas se libraba una batalla de lenguas, ella “culeaba” como si la estuviera penetrando aunque solo rozaba su clítoris contra el cierre de mi pantalón, le chupé las tetas y ella solo me dijo… no me vayas a dejar marcas porque se va a dar cuenta mi marido. Yo seguí en lo mío hasta que llegué a su clítoris, demás está decir que su vagina era toda una fuente, ya tenía mojadas hasta las nalgas. Dibujé círculos alrededor de esa semillita que estaba roja y muy erecta mientras ella buscaba como agarrarse mejor de los asientos, recostada sobre la puerta trasera derecha del vehículo estacionado bajo la sombra de un enorme árbol. Sus gemidos se hacían más fuertes pero nadie se asomó a ver qué pasaba dentro del carro y eso me dio la seguridad de que no había nadie cerca. Yo le abría más las piernas y se las levantaba para tener más libertades con mi lengua pero llegó un momento en que ella ya no pudo más y me decía… cógeme, cógeme ya, metémelo… y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo metí mi mano en la bolsa del pantalón para sacar de mi billetera un condón que siempre ando para que me libre de problemas y mientras me lo ponía Karla, que desde hacía ratos se encontraba sin tanga y sin zapatos se acostó completamente en el sillón subiendo un pie en el respaldo del asiento de adelante y otro en el respaldo del sillón donde estaba acostada y así sin mayor miramiento la penetré de una vez hasta el fondo, no fue difícil ni doloroso para ella porque ya había mencionado lo mojada que estaba. Ella con el apoyo de sus pies en los respaldos del vehículo movía sus caderas hacia adelante y hacia atrás, yo sólo podía ayudarme con las rodillas, que eran lo único de mi cuerpo que tenía apoyado en el asiento ya que por mi estatura y lo angosto del carro tenía mis pies levantados, con las rodillas dobladas, hubiera querido abrir la puerta para estirar mis piernas pero preferí la privacidad. Nunca había estado con una mujer que gritara tanto durante el orgasmo como esa vez y la verdad es que me gustó que lo hiciera, me daba la sensación de que la estaba satisfaciendo y me sentí muy “macho” y entre más gritaba yo con más fuerza la penetraba. Llegó un momento en que ella me abrazó la cintura con sus piernas y la penetré a fondo y se quedó ahí sin moverse, solo escuchaba su respiración acelerada en mi oído y ella con su vagina me apretaba y me soltaba el pene pero sin sacarlo de donde estaba, apretaba y soltaba y eso me hizo venirme a mí también, nos quedamos en esa posición un rato, sin sacar mi miembro de donde estaba hasta que ella poco a poco comenzó a relajarse y a soltar sus piernas hasta dejar caer una al piso del carro y la otra sobre la parte de atrás de las mías y así Karla fue recuperando el aliento y puso su antebrazo sobre su frente diciendo… ¡qué rico estuvo!, tenía años que no me cogían así, hasta sentí como que me iba a morir, ¿y a vos te gustó?... cogés bien rico mamacita… le respondí con sinceridad, a pesar de la incomodidad la situación me había provocado adrenalina a chorros y yo también tenía muchos años de no coger como esa vez. Una vez relajados Karla encontró su tanga en el asiento de adelante y la ocupó para limpiarse, o mejor dicho para secarse su cosita que le había quedado empapada. Yo saqué unos trapos que utilizaba en el trabajo y limpié el asiento trasero mientras ella se arreglaba la ropa y se peinaba. Como el calzón había quedado muy mojado después de que Karla se secara con él ya no pudo volver a ponérselo y mientras lo ponía en la guantera me dijo que le recordara sacarlo antes de que volviéramos a la oficina y así volvimos a nuestras labores, Karla tuvo que visitar a su cliente sin calzones pero por suerte la falda blanca que andaba era como de lona de jean y no se le notaba que no andaba nada debajo yo le hacía bromas al respecto cuando el cliente no lo notaba y ella se ponía el dedo sobre los labios en señal de que me callara pero luego también se reía disimuladamente. Ya mientras regresábamos solo me dijo “no le vayas a contar nada a nadie y menos a tus compañeros del departamento”… y claro, un caballero no tiene memoria y yo me las doy de ser todo un caballero y ella en premio me permitió repetir la experiencia en varias ocasiones pero ya no en el auto sino en lugares más apropiados, cada una mejor que la anterior, hasta que renunció a su puesto varios meses después porque según dijo “el marido ya no quería que trabajara”.
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